martes, 26 de mayo de 2009

ENRIQUECIMIENTO INJUSTO


Siempre es malo tener un cáncer, pero cuando alguien como el presidente de un país africano desde 1967 y toda su familia está en el poder; cuando ha acumulado tantas posesiones de lujo, en diversos países del mundo, que hasta la justicia francesa quiere juzgarlo por "enriquecimiento ilícito y apropiación de fondos públicos"; cuando la población no tiene asistencia sanitaria y los tratamientos médicos son imposibles de tener (desde el tratamiento de un cáncer hasta las visitas al pediatra), cuando la educación superior no es gratuita, y sólo alcanzan a ella las élites más minoritarias; cuando todo ello ocurre en un país de escasa población y recursos importantes, como las minas de hierro, el petróleo y el uranio; cuando su importante patrimonio ecológico está siendo aniquilado, con grandes matanzas de gorilas, y sin recursos para evitar la caza furtiva; en definitiva, cuando todo ello suma en un país rico donde la gente sufre y una casta familiar domina todos los mecanismos de poder, entonces el caviar se convierte en alimento malo, indigesto, maloliente, repulsivo, y …. más.

En La Vanguardia del sábado, Joaquín Luna y Javier Ortega Figueiral relató un brillante retrato de esa maldad. Omar Bongo, el presidente sine die de Gabón, está en Barcelona, curándose de un cáncer. Un séquito de más de 40 personas, a tanto la suite, entre 780 y 3.200 euros diarios en el Juan Carlos, llegados en un Boeing saudí 777-200 con lujos asiáticos, y asiduos a los grandes restaurantes, donde dejan fortunas estratosféricas, acompañan al presidente. Su hija y jefa de gabinete casada con el ministro de Exteriores, ha pasado en diversas ocasiones su estampa por el magnífico Vía Véneto, donde no ha pedido caviar. Ha pedido fuentes enormes de caviar, cuyas cucharaditas se convertían en grandes paladas de bolitas negras. Y así, ella, Pascaline, ha transformado la metáfora del caviar: de la simple ostentación al “puteamiento” contra sus propios pueblos.
¿Cuántos centenares de médicos en Gabón se pagarían con una sola fuente de las preciadas bolitas que despilfarran sus dirigentes?
Yo, si fuera Via Véneto, no les atendería.
"Lo más difícil de ser rico – decía un empresario de fina cultura y más discreta actitud– no es hacerlo. Es saber tenerlo".

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