sábado, 24 de diciembre de 2011

LA AMBICION ES PELIGROSA

LA AMBICIÓN ES PELIGROSA.

Hoy, a las cuatro de la madrugada y después de una magnifica cena y entrañable sobremesa con mis amigos, me he acordado de un cuento que me contó una amiga que estuvo en Bulgaria no hace mucho. El cuento popular búlgaro, de forma sucinta dice: Un anciano rey quiso compensar y premiar a un campesino por haberle salvado la vida. El regalo consistía en todo el terreno que pudiera recorrer desde la salida del sol hasta el crepúsculo. Nervioso el campesino y sin haber podido dormir la noche anterior, se puso a correr como un desesperado justo tras la salida del sol, cruzando bosques, campos, barrizales, etc., sin preocuparse ni del hambre, la sed, el calor. No paraba. Ni siquiera un instante para darse un respiro. Dejaba pasar las maravillosas vistas del paisaje, ignoraba a los animales, no contemplaba los ríos, las montañas, no disfrutaba del día, … A medida que transcurrían las horas, aceleraba el paso, con el afán de conseguir el máximo de terreno posible. Cansado y casi agotado, aceleró más el paso al comprobar que el sol empezaba a descender en el horizonte. Y cuando el sol empezó a esconderse detrás del horizonte, el campesino redobló su marcha para conseguir unos pocos metros más de tierra. Escondido totalmente el sol, el campesino se detuvo y cayó derrumbado, con las manos estiradas para no perder ni un solo milímetro de tierra. No se levantó. La carrera lo había matado. En ese momento paso un viejo monje que le dijo: “Ay campesino!.. ¿para que necesitabas tanta tierra si con un par de metros tienes suficiente para tu eterno reposo. La ambición es peligrosa, es muy peligrosa”.